Las costumbres en nuestras familias forman parte de una cultura chapina muy peculiar.
Siempre que se compraba una imagen del Niño Jesús o de cualquier otro santo, se acostumbra llevarlo a la iglesia para que lo bendigan con agua. Deben acompañar a este ritual, la persona dueña de la imagen y un padrino o madrina según sea el gusto de cada quien.
En mi caso yo fui la madrina, seguramente tendría pocos años y con eso de los caprichos de los chiquitos, quería llevar en una cajita la imagen de yeso del Niño Jesús.
Íbamos caminando desde mi casa hasta donde quedaba el templo, que serían unas seis cuadras o bloques y casi siempre era después de la misa del domingo.
El trayecto lo hacíamos lo más despacio posible, pero en una de esas, ¡zas¡ que me tropiezo y se me cae la cajita con la imagen y ésta que se rompe.
No tuvimos más remedio que regresarnos a la casa con el respectivo regaño y a esperar a comprar otra imagen. Cuando al fin la compraron, fue la misma historia, yo me empeñaba en llevar la cajita y otra vez que se quiebra.
Para no aburrirnos con la misma historia, este episodio se repitió muchas veces, hasta que cansada la dueña de la imagen, la llevamos a bendecir tal y como quedó después de botarla y no sería la cara de sorpresa del padrecito al ver que lo que queríamos que nos bendijera no era una imagen, sino un rompecabezas de la imagen.
Creo que con todo esto, mi familia ya me veía con preocupación y ya estaban pensando en echarme nuevamente el agua bendita del bautismo, pues o quebraba o quemaba las imágenes del Niño Jesús.
Hasta la fecha me sigue pasando que se me caen y se quiebran o se rajan. :s
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