miércoles, 26 de diciembre de 2012

La madrina del Niño Jesús


Las costumbres en nuestras familias forman parte de una cultura chapina muy peculiar.

Siempre que se compraba una imagen del Niño Jesús o de cualquier otro santo, se acostumbra llevarlo a la iglesia para que lo bendigan con agua.  Deben acompañar a este ritual, la persona dueña de la imagen y un padrino o madrina según sea el gusto de cada quien.

En mi caso yo fui la madrina, seguramente tendría pocos años y con eso de los caprichos de los chiquitos, quería llevar en una cajita la imagen de yeso del Niño Jesús.

Íbamos caminando desde mi casa hasta donde quedaba el templo, que serían unas seis cuadras o bloques y casi siempre era después de la misa del domingo.

El trayecto lo hacíamos lo más despacio posible, pero en una de esas, ¡zas¡ que me tropiezo y se me cae la cajita con la imagen y ésta que se rompe.

No tuvimos más remedio que regresarnos a la casa con el respectivo regaño y a esperar a comprar otra imagen. Cuando al fin la compraron, fue la misma historia, yo me empeñaba en llevar la cajita y otra vez que se quiebra.

Para no aburrirnos con la misma historia, este episodio se repitió muchas veces, hasta que cansada la dueña de la imagen, la llevamos a bendecir tal y como quedó después de botarla y no sería la cara de sorpresa del padrecito al ver que lo que queríamos que nos bendijera no era una imagen, sino un rompecabezas de la imagen.

Creo que con todo esto, mi familia ya me veía con preocupación y ya estaban pensando en echarme nuevamente el agua bendita del bautismo, pues o quebraba o quemaba las imágenes del Niño Jesús. 

Hasta la fecha me sigue pasando que se me caen y se quiebran o se rajan. :s

miércoles, 19 de diciembre de 2012

¿De qué estamos hablando?


Una vez mi hija tuvo que ir a ver una presentación de teatro por parte del colegio en el Museo del Ferrocarril.  Como nos quedaba cerca, caminamos y llegamos a la Plaza Barrios (donde actualmente está la estatua de Don Justo Rufino Barrios) –que por cierto, el lugar ha mejorado muchísimo con la llegada del transmetro y quiero aclarar que no es propaganda- , pero ahora está mucho más ordenado y limpio.

Fuck off babyMientras esperábamos a sus demás compañeras que venían del colegio en bus escolar, nos pusimos a ver las representaciones que están forjadas  en metal en las bases del monumento a Don Justo.  Y en una de ellas, representa la fatal batalla, donde cayó herido de muerte. 

Yo le explicaba a mi hija el porqué de esa guerra: Don Justo Rufino Barrios soñó con una Centroamérica unida, pero desvió levemente el camino y quiso forzar la unión en lugar de vender la idea.  En ese momento apareció el bus escolar, pero no podía pasar porque el tráfico era bastante intenso y no lograba llegar al estacionamiento del Museo.

Mi hija hizo el comentario sobre el bus que hacía los intentos por pasar en el momento en que yo inspirada le seguía contando parte de la historia de la fallida unión centroamericana, y me dijo: “mami, y todavía no han logrado pasar de allí” a lo que yo contesté sin dejar de ver la escena de la batalla: si querida hija, todavía siguen trabados en esa lucha” ¿a cuál lucha te refieres mami?  Pues a la de fusionar a los cinco países centroamericanos.  No mami, yo me refiero al bus que no ha logrado pasar la calle para llegar aquí. ¡Ups!

viernes, 22 de junio de 2012

Los anteojos del despiste.


Mi esposo que se ha caracterizado por ser bastante despistado y aunque no dudo que no lo hace con intensión, nos hace pensar si algún día se curará.

Los dos usamos anteojos, pero yo los uso cuando tengo que leer o quiero ver mejor, él en cambio debe usarlos permanentemente, solo le falta dormir, bañarse y hacer deporte con ellos puestos.

Ese día yo me quité los anteojos y los dejé sobre el gavetero de nuestra habitación y me fui a hacer unas compras.

Mi esposo se quedó trabajando en la computadora, de repente buscó los anteojos y se los puso.  Como no logró ver muy bien, los limpió, luego los lavó con un poco de agua y jabón, se frotó los ojos, pero ninguna cosa le funcionó.
 
Después de lidiar con ellos, se los quitó y los vio detenidamente y cuál no sería su sorpresa al descubrir que los anteojos eran los míos y no los suyos.