A propósito de temblores me he
acordado de una historia de otro tipo de miedo que nos tocó vivir a los de esa
época y fue el día del terremoto de 1976.
Pero a pesar de toda la tragedia, siempre hay momentos que pueden resultar cómicos y que nos
ayudan a mitigar el dolor e incluso a olvidar lo difícil que fueron esos días y
entonces nos acordamos de las partes que nos hicieron reír en lugar de llorar.
Han pasado muchos años desde
aquella madrugada del 4 de febrero cuando nos levantaron de la cama y no porque
querían que madrugáramos sino para evitar que una pared o en el peor de los
casos, el techo de nuestra casa nos aplastara.
Ahora con mi familia comentamos
todos los sucesos con un poco de gracia, pues cada miembro hizo cosas un poco
usuales y les voy a contar porqué.
Yo me acuerdo que en el momento
de los temblores más fuertes mi prima *Ana que dormía en la misma cama que yo,
me despertó y me dijo que no me levantara, que en todo caso las almohadas nos
amortiguarían los pedazos de pared o el techo cual fuere el primero en
caer. |Qué ilusas! ¿no?. Yo me quedé
quietecita esperando a ver qué pasaba, cuando de repente entró mi prima * Lucía dando de gritos y fuera de sí,
preguntando por mí. Ana le dijo que se
calmara pues yo estaba con ella, pero del susto que traía no me miraba, aparte
de lo oscuro ella estaba muy alterada y revolvía la cama, Ana le gritaba
también de que se calmara y como no lograba controlarla, le tuvo que dar un
cachetón para que reaccionara. Luego de
levantarnos corrimos a protegernos bajo un marco de puerta y allí esperamos a
mis tíos que venían preguntando por todos y
sobre todo por mí, pues no lograban reconocer mi cara, ya que con el
susto, mi prima Ana me había tomado al revés y lo que tenían enfrente eran mis
pies.
Al fin todos reunidos nos
dirigimos al patio y era aterrador como los perros ladraban y la casa se
balanceaba con amenazas de caernos encima.
Poco a poco fueron calmándose los
movimientos telúricos y cada uno pensó en las cosas importantes para sí: mi tía
en sus loros, que dormían en sus estacas en el garage y que se habían caído con
todo y cama. Así que mi tío en un acto
de valentía entró a rescatarlos entre las bicicletas y en ese momento empezó a
temblar y a nosotros nos temblaban las piernas de saber que por ir al rescate
de los famosos loros a mi tío le caería la casa encima. Al final salió enterito y con los loros que
protestaban sin parar.
Lucía después de recuperar la
cordura la volvió a perder, pero no por culpa mía, sino por un estéreo y los discos de su cantante “Sandro” que eran
su adoración. Armose de valor entró y
salió en un abrir y cerrar de ojos con su amado tesoro, los puso debajo de la
pila y se durmió junto a ellos.
Recuerdo que esa pila fue por
mucho tiempo mi techo por las noches, pues decían que ésta sí aguantaría en
caso el techo o la pared se desplomaran.
Cosa que creo que si hubiera funcionado más que las almohadas que nos
habíamos echado encima en la ocasión anterior.
Yo también pensé en algo que era
importante para mí y era que ese día iríamos por parte de la escuela a ver una
presentación de una obra de teatro …
Afortunadamente nuestra casa
resistió semejante desastre y no hubo más que repararle varias cosas. Como fuimos una de las pocas familias que no
salimos a la calle, los vecinos pensaron que habíamos muerto soterrados y ya estaban pensando donde velarnos y quien
iba a dar el cafecito.
* nombres ficticios
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