Ya tenía bastante tiempo de no
escribir una historia, ¿adivinen de quién?, pues de quien va a ser sino de mi famosa tía.
En esta ocasión los zapatos
nuevos serán el motivo de mi historia hilarante.
Cuando estrenamos una prenda, un
accesorio, es motivo de vanidad.
Quisiéramos que todo el mundo nos viera y se enterara de lo que estamos
usando por primera vez.
No tengo idea de qué color eran
los zapatos, pero si sé que eran de tacón corrido, algo altos y lo mejor, “Eran
nuevecitos”.
Mi tía era modista y tenía que
viajar al centro de la ciudad para comprar el material de sus costuras (que
botones, zipers, tela, hilo, encajes, etc.)
Iba acompañada de mi prima, que
es famosa porque protagonizaban unas historias de todo tipo.
Pues se fueron por la tarde y
empezó a llover. En cuanto bajaron del
bus, los zapatos de la tía empezaron a ponerla en apuros. De un momento a otro se convirtieron en
patines y empezó a maniobrar, haciendo mil peripecias para no caerse. Por alguna extraña razón, la suela de los
zapatos al estar en contacto con la lluvia de la calle, resbalaban.
Así que como pudo entró al
almacén no sin deslizarse varías veces, tanto que estuvo a punto de
caerse. Cuando salieron del lugar,
nuevamente comenzó a maniobrar con los zapatos nuevos y la suerte quiso que
hubiera un agente de la policía que pasaba por allí y fue él quien detuvo la
caída de mi tía en plena calle. Lo más
chistoso es que para librarse de la caída, se abrazó de las piernas del
policía, el cual muy apenado le ayudó a levantarse.
Después de dar las gracias
respectivas, se encaminaron de vuelta a tomar el bus, pero esta vez, mi tía iba
bien pegadita a la pared, no fuera que los zapatos volvieran a salirle ruedas
invisibles.