Mi esposo que se ha caracterizado por ser bastante despistado y aunque no dudo que no lo hace con intensión, nos hace pensar si algún día se curará.
Los dos usamos anteojos, pero yo los uso cuando tengo que leer o quiero ver mejor, él en cambio debe usarlos permanentemente, solo le falta dormir, bañarse y hacer deporte con ellos puestos.
Ese día yo me quité los anteojos y los dejé sobre el gavetero de nuestra habitación y me fui a hacer unas compras.
Mi esposo se quedó trabajando en la computadora, de repente buscó los anteojos y se los puso. Como no logró ver muy bien, los limpió, luego los lavó con un poco de agua y jabón, se frotó los ojos, pero ninguna cosa le funcionó.
Después de lidiar con ellos, se los quitó y los vio detenidamente y cuál no sería su sorpresa al descubrir que los anteojos eran los míos y no los suyos.