miércoles, 24 de abril de 2013

Los piecitos del Tzitzimite


Esta historia sucedió en la misma casa donde apareció la lavandera.  Con el tiempo mi primo pudo construir un segundo nivel, pero él y su familia ya vivían en los Estados Unidos.

Una de sus cuñadas estaba a cargo de ver la construcción y esa tarde enviaron a un chico como de unos 8 años a que fuera a darle un mensaje al albañil.  El chico regresó corriendo con cara de susto y les contó que había visto a un hombrecito subir las gradas y desaparecer al llegar al segundo piso.  Cuando vio las huellas que dejó en el piso entre el material de construcción, tuvo miedo y no quiso seguirlo, lo mejor fue salir corriendo e ir a llamar a la encargada.

Así que con cámara en una mano y el corazón en la otra, fueron a tomar las fotos de tan pintoresco personaje.  Las fotos se las enviaron a mi primo, sinceramente no sé que fue de ellas, pero fueron una muestra de que por allí caminó el Tzitzimite.

Adicionalmente una vecina también cuenta que varios niños, entre ellos su nieto, estaban jugando en el barranco, se subían y bajaban de los árboles, otros los aporreaban para bajar sus frutos,  en fin jugaban como lo hacen los patojos.  De repente se les apareció un viejecito más bajito que ellos y al verlo lógicamente salieron despavoridos a sus casas a contar lo sucedido.  Muchos dicen que son duendes que protegen a la naturaleza y que seguramente enojados por el maltrato en este caso, al árbol, decidió hacerse visible y darles una lección.

miércoles, 17 de abril de 2013

Temblores


A propósito de temblores me he acordado de una historia de otro tipo de miedo que nos tocó vivir a los de esa época y fue el día del terremoto de 1976.  Pero a pesar de toda la tragedia, siempre hay  momentos que pueden resultar cómicos y que nos ayudan a mitigar el dolor e incluso a olvidar lo difícil que fueron esos días y entonces nos acordamos de las partes que nos hicieron reír en lugar de llorar.

Han pasado muchos años desde aquella madrugada del 4 de febrero cuando nos levantaron de la cama y no porque querían que madrugáramos sino para evitar que una pared o en el peor de los casos, el techo de nuestra casa nos aplastara.

Ahora con mi familia comentamos todos los sucesos con un poco de gracia, pues cada miembro hizo cosas un poco usuales y les voy a contar porqué.

Yo me acuerdo que en el momento de los temblores más fuertes mi prima *Ana que dormía en la misma cama que yo, me despertó y me dijo que no me levantara, que en todo caso las almohadas nos amortiguarían los pedazos de pared o el techo cual fuere el primero en caer.  |Qué ilusas! ¿no?. Yo me quedé quietecita esperando a ver qué pasaba, cuando de repente entró mi prima  * Lucía dando de gritos y fuera de sí, preguntando por mí.  Ana le dijo que se calmara pues yo estaba con ella, pero del susto que traía no me miraba, aparte de lo oscuro ella estaba muy alterada y revolvía la cama, Ana le gritaba también de que se calmara y como no lograba controlarla, le tuvo que dar un cachetón para que reaccionara.  Luego de levantarnos corrimos a protegernos bajo un marco de puerta y allí esperamos a mis tíos que venían preguntando por todos y  sobre todo por mí, pues no lograban reconocer mi cara, ya que con el susto, mi prima Ana me había tomado al revés y lo que tenían enfrente eran mis pies.

Al fin todos reunidos nos dirigimos al patio y era aterrador como los perros ladraban y la casa se balanceaba con amenazas de caernos encima.

Poco a poco fueron calmándose los movimientos telúricos y cada uno pensó en las cosas importantes para sí: mi tía en sus loros, que dormían en sus estacas en el garage y que se habían caído con todo y cama.  Así que mi tío en un acto de valentía entró a rescatarlos entre las bicicletas y en ese momento empezó a temblar y a nosotros nos temblaban las piernas de saber que por ir al rescate de los famosos loros a mi tío le caería la casa encima.  Al final salió enterito y con los loros que protestaban sin parar.

Lucía después de recuperar la cordura la volvió a perder, pero no por culpa mía, sino por un estéreo  y los discos de su cantante “Sandro” que eran su adoración.  Armose de valor entró y salió en un abrir y cerrar de ojos con su amado tesoro, los puso debajo de la pila y  se durmió junto a ellos.

Recuerdo que esa pila fue por mucho tiempo mi techo por las noches, pues decían que ésta sí aguantaría en caso el techo o la pared se desplomaran.  Cosa que creo que si hubiera funcionado más que las almohadas que nos habíamos echado encima en la ocasión anterior.

Yo también pensé en algo que era importante para mí y era que ese día iríamos por parte de la escuela a ver una presentación de una obra de teatro …

Afortunadamente nuestra casa resistió semejante desastre y no hubo más que repararle varias cosas.  Como fuimos una de las pocas familias que no salimos a la calle, los vecinos pensaron que habíamos muerto soterrados y  ya estaban pensando donde velarnos y quien iba a dar el cafecito.

* nombres ficticios

miércoles, 10 de abril de 2013

¡Querida perdí a los niños!


Mis suegros viven en San Felipe Retalhuleu y para Semana Santa solemos visitarlos.  En esas fechas las playas de nuestra querida patria se saturan enormemente de personas ansiosas por broncearse, darse un chapuzón, ganarse quemaduras de piel por no saber tomar el sol, dar un paseo o simplemente perderse en la multitud de veraneantes.

Esto nos pasó este año.  Mi esposo y mis dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 8 fuimos el sábado posterior al viernes santo a la playa.  Nos fuimos bien temprano para aprovechar que no hay tanta gente, el sol es menos fuerte y así regresar pronto a San Felipe.

Como ya íbamos con el traje de baño puesto, nos lanzamos al mar en busca de un rico baño de agua salada.  Mis hijos se pusieron a buscar conchitas entre ola y ola.  Poco a poco se llenó de gente y vimos nuestro bello espacio reducido a la mínima expresión.  Ya no podíamos bañarnos en el mar pues en lugar de olas te llegaban personas.

Como ya era imposible tener a la vista nuestras cosas, mi esposo y yo nos turnamos para ver a los niños y cuidar nuestra casita de campaña.

Así estuvimos hasta que le tocó el turno a mi esposo de cuidar a los niños.  Pasó un largo rato cuando en eso lo veo venir solo y me pregunta: ¿han venido los niños?, respondí que no, creo que tú eras el encargado de vigilarlos. -Es que no los encuentro, se me perdieron.  -Voy a regresar para buscarlos.  Se fue y mientras tanto, me imaginé miles de cosas además de la desesperación que me provocaba el no poder ver más que espaldas y piernas en donde había playa.

Los minutos me parecieron horas, pero se me hicieron más pesados cuando veo pasar a un par de policías en moto que llevaban a un niño y otro a un señor ya mayor que obviamente estaban extraviados.  Ya hubiera deseado que fueran los míos los que iban en la moto.

En eso estaba cuando gritaron alarma de ahogado, casi me muero, así que empecé a recoger las cosas e ir a investigar.  En eso aparecen mis hijos –gracias a Dios-  bien y serenos.  Mi hija me contó que cuando se vio perdida, le dijo a su hermano que no se separaran y que juntos iban a buscar a su papá.  Mi hijo que es un despiste total (de quien creen que heredó la mayor parte) no se había enterado de su extravío y no le quedó otra que seguir a su hermana.  Menos mal que lo tomaron con calma y no perdieron la orientación, cosa que les ayudó a encontrar el camino de regreso.

Luego ya de regreso al parqueo donde habíamos dejado el carro, nos dimos cuenta de que la batería del carro se descargó…

Creo que para la próxima vez, lo pensaremos mejor antes de volver a visitar las playas en épocas de alto turismo.

miércoles, 3 de abril de 2013

Prendas al revés


Mi tía se ha caracterizado por usar las prendas de vestir al revés.  Para los que vivimos junto a ella, se nos ha hecho de lo más natural, aunque siempre se nos escapa una sonrisa y nos sorprendía el hecho de que no hubiera logrado superar el reto de salir vestida normalmente. 

Lo más gracioso del asunto era cuando nos contaba la cara que puso fulano o la vecina de más allá cuando se percataban que ella iba camino al mercado o hacer algún mandado con la ropa al revés.  “Doña fulanita lleva el suéter al revés”  a lo que ella contestaba “ahora así que se quede” o “no me di cuenta, yo siempre hago lo mismo”.

No sé si podríamos decir que era despistada, más bien siempre estaba apurada, preocupada de los demás y de lo que tenía que hacer y creo que eso le provocaba salir así.  Lo curioso es que le pasaba solamente en el diario ajetreo, pues cuando tenía que prepararse para algún evento o fiesta, entonces sí se fijaba en cómo se pondría la ropa.

Usaba las blusas y suéteres al revés y con los pantalones se ponía lo de atrás para adelante -imagínese usted lo incómodo que sería caminar largos tramos-.  Y no se diga de las medias o calcetas, siempre teníamos que hacerle la observación.