miércoles, 10 de abril de 2013

¡Querida perdí a los niños!


Mis suegros viven en San Felipe Retalhuleu y para Semana Santa solemos visitarlos.  En esas fechas las playas de nuestra querida patria se saturan enormemente de personas ansiosas por broncearse, darse un chapuzón, ganarse quemaduras de piel por no saber tomar el sol, dar un paseo o simplemente perderse en la multitud de veraneantes.

Esto nos pasó este año.  Mi esposo y mis dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 8 fuimos el sábado posterior al viernes santo a la playa.  Nos fuimos bien temprano para aprovechar que no hay tanta gente, el sol es menos fuerte y así regresar pronto a San Felipe.

Como ya íbamos con el traje de baño puesto, nos lanzamos al mar en busca de un rico baño de agua salada.  Mis hijos se pusieron a buscar conchitas entre ola y ola.  Poco a poco se llenó de gente y vimos nuestro bello espacio reducido a la mínima expresión.  Ya no podíamos bañarnos en el mar pues en lugar de olas te llegaban personas.

Como ya era imposible tener a la vista nuestras cosas, mi esposo y yo nos turnamos para ver a los niños y cuidar nuestra casita de campaña.

Así estuvimos hasta que le tocó el turno a mi esposo de cuidar a los niños.  Pasó un largo rato cuando en eso lo veo venir solo y me pregunta: ¿han venido los niños?, respondí que no, creo que tú eras el encargado de vigilarlos. -Es que no los encuentro, se me perdieron.  -Voy a regresar para buscarlos.  Se fue y mientras tanto, me imaginé miles de cosas además de la desesperación que me provocaba el no poder ver más que espaldas y piernas en donde había playa.

Los minutos me parecieron horas, pero se me hicieron más pesados cuando veo pasar a un par de policías en moto que llevaban a un niño y otro a un señor ya mayor que obviamente estaban extraviados.  Ya hubiera deseado que fueran los míos los que iban en la moto.

En eso estaba cuando gritaron alarma de ahogado, casi me muero, así que empecé a recoger las cosas e ir a investigar.  En eso aparecen mis hijos –gracias a Dios-  bien y serenos.  Mi hija me contó que cuando se vio perdida, le dijo a su hermano que no se separaran y que juntos iban a buscar a su papá.  Mi hijo que es un despiste total (de quien creen que heredó la mayor parte) no se había enterado de su extravío y no le quedó otra que seguir a su hermana.  Menos mal que lo tomaron con calma y no perdieron la orientación, cosa que les ayudó a encontrar el camino de regreso.

Luego ya de regreso al parqueo donde habíamos dejado el carro, nos dimos cuenta de que la batería del carro se descargó…

Creo que para la próxima vez, lo pensaremos mejor antes de volver a visitar las playas en épocas de alto turismo.

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