Nuestro carro es un modesto pick up, no es como el super Chevy que hasta vuela –aunque sea en las historietas- pero de todas formas le agradecemos que nos lleve y traiga. Ha sido nuestro compañero en las buenas y en las malas. De repente también hace sus caprichos y se queda sin moverse o sin luces o ¡¡¡casi sin frenos!!! Pero en fin, ha hecho historia en nuestras vidas, más en la mía, porque como yo soy la que más lo uso, me toca aguantarle sus desplantes y quejas.
Una de sus características es atraer patrullas de la policía nacional civil. Tal vez sea por su apariencia: es de color negro, las ventanas están polarizadas y se ven óptimas para ocultar algo. Estoy empezando a creer que quiere llamar la atención de mi esposo, pues él dice que entre sus extrañezas, no le gusta manejar carro. –nuestro Fiat se siente ignorado-
Así que les contaré mi más reciente encuentro cercano con estos tipos.
Íbamos camino al entreno de baseball de mi hijo como a eso de las dos de la tarde, cuando en un cruce para tomar la avenida principal, tuve que sacar un poco más de lo normal la parte frontal del carro para poder ver si estaba libre la vía, pues un microbus de la policía estaba estacionada en la calle, la cual nos impedía ver bien. De repente apareció un carro de la Policía Municipal de Tránsito, que a toda velocidad pasó pitando en señal de advertencia, a lo cual yo frené y de repente sentimos un golpe en la parte trasera del carro, nos habían chocado y adivinen quienes eran: nuestros amigos de la patrulla de la Policía Nacional Civil. Se empotró en el bomper y le rompió las luces de stop.
Afortunadamente estábamos enfrente de una estación de policía y no había escapatoria, todos se agruparon para ver qué había pasado. Como todo buen hombre le echó la culpa a las mujeres –que no saben manejar- de no haberme lanzado, porque según él me hubiera dado tiempo, aún con el riesgo de que la otra patrulla me chocara o yo causara un accidente. Después dijo que el camino estaba libre, a lo cual le debatí, pues eso no era cierto.
Luego de llegar a un acuerdo nos fuimos en busca del juego de focos, el cual yo sabía que no encontraríamos, pues es una marca de carro que casi no hay repuestos por ser un modelo ya viejito, así que no creí conseguir el repuesto fácilmente.
Así que nos fuimos en busca de una tienda de repuestos y nos dimos a la tarea de perseguir a la patrulla por 15 ó 20 minutos y luego como el agente no conocía mucho la ciudad, nosotros fuimos los perseguidos por la patrulla por otros 20 minutos y al lugar donde nos bajábamos a preguntar por el repuesto, más de alguno de los tenderos me preguntaba: ¿le pegó la patrulla? Al contestar afirmativamente, solo sonreían discretamente.
Por fin encontramos el ansiado lugar donde fabricaban los focos, silvines y demás. Después de atendernos el propietario, nos dijo el precio, el cual el agente policiaco pagó con el deseo de dar por terminado esta embarazosa situación. Pero había un detalle, la puerta de la palangana se había hundido y había que enderezarla, en lo cual se echó para atrás y dijo que no pagaría lo demás, porque eso era un golpe anterior y que también tendría que poner de su bolsillo para reparar la abolladura que le hizo a la patrulla el bomper.
Viéndolo desde este punto de vista y viviendo en Guatemala con el nivel de corrupción, creo que es preferible que lo choquen los policías, pues si no te pagan lo desembolsas cuando puedas y buscas el mejor precio; pero cuando te toca chocarlos te arriesgas a pagar lo que ellos quieran y encima te pueden poner multa por conducir mal o en el peor de los casos, llevarte a la cárcel.
Por otro lado no me puedo quejar, ya que en esta ocasión era un buen policía… por el momento.