miércoles, 29 de mayo de 2013

Aventuras de un negrito.

Nuestro carro es un modesto pick up, no es como el super Chevy que hasta vuela –aunque sea en las historietas- pero de todas formas le agradecemos que nos lleve y traiga.  Ha sido nuestro compañero en las buenas y en las malas.  De repente también hace sus caprichos y se queda sin moverse o sin luces o ¡¡¡casi sin frenos!!! Pero en fin, ha hecho historia en nuestras vidas, más en la mía, porque como yo soy la que más lo uso, me toca aguantarle sus desplantes y quejas.

Una de sus características es atraer patrullas de la policía nacional civil.  Tal vez sea por su apariencia: es de color negro, las ventanas están polarizadas y se ven óptimas para ocultar algo.  Estoy empezando a creer que quiere llamar la atención de mi esposo, pues él dice que entre sus extrañezas, no le gusta manejar carro.  –nuestro Fiat se siente ignorado-

Así que les contaré mi más reciente encuentro cercano con estos tipos.
Íbamos camino al entreno de baseball de mi hijo como a eso de las dos de la tarde, cuando en un cruce para tomar la avenida principal, tuve que sacar un poco más de lo normal la parte frontal del carro para poder ver si estaba libre la vía, pues un microbus de la policía estaba estacionada en la calle, la cual nos impedía ver bien.  De repente apareció un carro de la Policía Municipal de Tránsito, que a toda velocidad pasó pitando en señal de advertencia, a lo cual yo frené y de repente sentimos un golpe en la parte trasera del carro, nos habían chocado y adivinen quienes eran: nuestros amigos de la patrulla de la Policía Nacional Civil.  Se empotró en el bomper  y le rompió las luces de stop.

Afortunadamente estábamos enfrente de una estación de policía y no había escapatoria, todos se agruparon para ver qué había pasado.  Como todo buen hombre le echó la culpa a las mujeres –que no saben manejar- de no haberme lanzado, porque según él me hubiera dado tiempo, aún con el riesgo de que la otra patrulla me chocara o yo causara un accidente.  Después dijo que el camino estaba libre, a lo cual le debatí, pues eso no era cierto.

Luego de llegar a un acuerdo nos fuimos en busca del juego de focos, el cual yo sabía que no encontraríamos, pues es una marca de carro que casi no hay repuestos por ser un modelo ya viejito, así que no creí conseguir el repuesto fácilmente.

Así que nos fuimos en busca de una tienda de repuestos y nos dimos a la tarea de perseguir a la patrulla por 15 ó 20 minutos y luego como el agente no conocía mucho la ciudad, nosotros fuimos los perseguidos por la patrulla por otros 20 minutos y al lugar donde nos bajábamos a preguntar por el repuesto, más de alguno de los tenderos me preguntaba: ¿le pegó la patrulla? Al contestar afirmativamente, solo sonreían discretamente.

Por fin encontramos el ansiado lugar donde fabricaban los focos, silvines y demás.  Después de atendernos el propietario, nos dijo el precio, el cual el agente policiaco pagó con el deseo de dar por terminado esta embarazosa situación.  Pero había un detalle, la puerta de la palangana se había hundido y había que enderezarla, en lo cual se echó para atrás y dijo que no pagaría lo demás, porque eso era un golpe anterior y que también tendría que poner de su bolsillo para reparar la abolladura que le hizo a la patrulla el bomper.

Viéndolo desde este punto de vista y viviendo en Guatemala con el nivel de corrupción, creo que es preferible que lo choquen los policías, pues si no te pagan lo desembolsas cuando puedas y buscas el mejor precio; pero cuando te toca chocarlos te arriesgas a pagar lo que ellos quieran y encima te pueden poner multa por conducir mal o en el peor de los casos, llevarte a la cárcel.

Por otro lado no me puedo quejar, ya que en esta ocasión era un buen policía… por el momento.

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Y mis dientes?


A veces andamos tan enfrascados en nuestros pensamientos, que no nos damos cuenta de ciertos detalles que debemos tomar en cuenta.

Mi tía siempre andaba deprisa, incluso en el caminar era bastante rápida y muchos de los que le acompañábamos a algún lado,  teníamos que esforzarnos por mantener el ritmo, lo cual nos hacía terminar bastante agitados.  Y pobre del que se quedara rezagado, era una tarea bastante difícil darle alcance.

Cuando era muy joven tuvo problemas dentales y le retiraron todos los dientes del maxilar superior, lo cual le obligaba a usar una dentadura postiza.

En una ocasión tuvo que ir al dentista para que le hicieran un trabajo. Para revisarle la encía y trabajar con mayor comodidad le quitaron la dentadura postiza.  Cuando hubo terminado, le retiraron los algodones y le pidieron que se enjuagara y que podía marcharse.

Pagó la consulta y se fue rápidamente, se subió al bus y cuando iba a medio camino se sintió extraña y no atinaba a saber porqué.  De repente se acordó de sus dientes postizos, se bajó del bus y se fue en busca de la dentadura olvidada.

Cuando llegó al consultorio, la doctora con los dientes en mano le daba las disculpas del caso y le comentaba que cuando ella se dio cuenta de que había dejado la dentadura postiza,  envió a la enfermera a que la siguiera, pero no tuvo suerte, ya que caminó tan de prisa que ésta no logró encontrarla.

Así terminó el pequeño incidente entre risas y agradecimientos por haber encontrado la valiosa prenda. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Una Visión Nocturna


Por si no lo han notado esta casa definitivamente tiene algo especial, de ella han salido varias historias que he compartido con ustedes –me imagino que habrán muchas más-, sólo me queda seguir recopilándolas.

El protagonista de esta historia remodeló  su casa y se vio en la necesidad de alquilar por dos años, la famosa casa que casualmente estaba frente a  la  suya.  Lo que no sabían era que durante este tiempo él y su familia tendrían experiencias muy poco usuales.  He aquí una de ellas:

Una noche mientras miraba un programa de televisión junto a su familia, de reojo vieron una nube blanca que pasó cerca de ellos.  Se levantaron para ver mejor y  se dieron cuenta que la nube se dirigió por el corredor, subió las escaleras y desapareció.

No se habían repuesto del susto cuando a los días siguientes vieron pasar la nube con el mismo recorrido y lo curioso es que lo hacía casi siempre pasadas las 11:00 p.m.

Pero un día hubo una variación cuando apareció la nube, en la cocina se oyó un gran ruido producido por varias ollas que cayeron al  suelo.  Esta vez corrieron a la cocina y efectivamente encontraron las ollas en el piso, a mitad de la habitación, fuera del gabinete donde usualmente se guardan.

Dicen que se llegaron a acostumbrar a verla pasar en las noches y que ya no sentían tanto miedo, pues sabían que aparecería siempre después de las 11:00 p.m.

Cuando le comentaron al dueño de la casa sobre estos incidentes, les dijo que no tuvieran miedo, pues de plano que eran espíritus buenos que moraban la casa.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Una cocinera sonámbula


Mi familia tiene historial de sonambulismo.  Mi tía en sus primeros años padecía estos síntomas, lo cual asustaba mucho a su abuela con quien ella vivía.  Así que un buen día se cansó de tanto susto y decidió curarla según ella, con un remedio poco usual.

Cada noche cuando mi tía ya dormía, la abuela ponía un gran balde de agua fría justo donde ella colgaba los pies para poder bajarse de la cama.  Cuando la sonámbula decidía hacer su ronda nocturna, metía los pies en el agua y rápidamente los sacaba, se despertaba asustada y se volvía a meter a la cama.  Así transcurrieron muchas noches hasta que se curó.  A la fecha la paciente ya no padece de sonambulismo y sigue cuerda y no como citan las abuelitas de que “no hay que despertar abruptamente a los sonámbulos porque se vuelven locos”.

Bueno esto es el preámbulo a la historia de nuestra cocinera sonámbula.

Mis primos regresaban tarde de la universidad y siempre cenaban y dejaban la cocina sucia.  Al otro día mi tía les reclamaba y únicamente se culpaban uno al otro sin resolver nada.

Pero una mañana mi prima se levantó e hizo su cama y al quitar las almohadas vio que había un pan con huevo envuelto en una servilleta de papel.  En tono cómico fue con mi tía y le dijo que le agradecía el detalle de llevarle el desayuno a la cama, a lo cual le contestó que dejara de hacerse la graciosa, que esa no era su costumbre y que le explicara porqué dejó sucio el sartén donde cocinó el huevo. 

Iba a ser difícil que mi tía le creyera de que ella no había cocinado la noche anterior, pues con semejantes antecedentes y teniendo a la vista la evidencia en la mano o mejor dicho debajo de la almohada, no iba a lograr convencerla de su inocencia.  A partir de ese día mi tía que no acostumbraba a echar llave a la puerta de la calle lo empezó a hacer, pues no vaya a ser que la sonámbula dispusiera irse de parranda y luego no se acordara.