miércoles, 6 de febrero de 2013

Deficiencia de hierro


Cuando mi tía era chica solía subirse a los árboles, treparse los cercos, bañarse en el río comerse cuanta fruta encontraba a su paso.  Pero no lo hacía sola, su hermana aliadas a sus primas y primos eran sus fieles aliados.

Como es de imaginar, con tanta actividad y meterse en el monte todos los días le brotaron unas erupciones en la piel parecidas a los piquetes de zancudos y a las que comúnmente llamamos ronchas.  Como no se le quitaba ni con bañarse ni con remedios caseros, mi abuela decidió llevarla con el curandero, brujo o aprendiz de médico que había en el pueblo.

El hombre tenía la fama de que curaba empachos, el llamado mal de ojo o el pujo que les da a los bebés, trataba las molleras caídas, atendía emergencias, hacía limpias y por supuesto esos trabajitos para los clientes que necesitaban una ayudadita especial.  En fin todo lo que en esos tiempos se pueda imaginar.

La abuela que era muy creyente de estas cosas, la llevó y le explicó al hombre lo que la niña tenía.  Se sentaron en unas tablas que hacían la función de bancas y allí se quedaron observando como el hombre hacía su trabajo.

Luego de un rato, el hombre le dijo a mi abuela: “Mirá fulanita, haceme el favor de sacar a esa patoja de aquí, porque no me deja hacer mi trabajo, tiene un espíritu burlón que no puedo controlar”.

Así que mi pobre tía sin tener la culpa y sin comprender en su totalidad las palabras del hombre, tuvo que salir jalada de las trenzas por la abuela, pues su espíritu le era molesto al brujo.

¿Y quieren saber cuál fue el diagnóstico y el remedio?
Pues que las ronchas se debían a una deficiencia de hierro y como en esos tiempos no habían frasquitos ni pastillitas, el modo más fácil de conseguirlo era dejar que el hacha de cocina  previamente lavado, se enmoheciera y luego se ponía en la tinaja con agua hervida y esa agua al tomarla le servía como suplemento de hierro.

Después de esta aseveración, mi familia y yo creemos que realmente mi tía  tiene algo especial, ya sea para atraer fenómenos sobrenaturales o simplemente para desconcentrar a los brujos.

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