Mi tía se ha caracterizado por usar las prendas de vestir al
revés. Para los que vivimos junto a
ella, se nos ha hecho de lo más natural, aunque siempre se nos escapa una
sonrisa y nos sorprendía el hecho de que no hubiera logrado superar el reto de
salir vestida normalmente.
Lo más gracioso del asunto era cuando nos contaba la cara
que puso fulano o la vecina de más allá cuando se percataban que ella iba
camino al mercado o hacer algún mandado con la ropa al revés. “Doña fulanita lleva el suéter al revés” a lo que ella contestaba “ahora así que se
quede” o “no me di cuenta, yo siempre hago lo mismo”.
No sé si podríamos decir que era despistada, más bien
siempre estaba apurada, preocupada de los demás y de lo que tenía que hacer y
creo que eso le provocaba salir así. Lo
curioso es que le pasaba solamente en el diario ajetreo, pues cuando tenía que
prepararse para algún evento o fiesta, entonces sí se fijaba en cómo se pondría
la ropa.
Usaba las blusas y suéteres al revés y con los pantalones se
ponía lo de atrás para adelante -imagínese usted lo incómodo que sería caminar
largos tramos-. Y no se diga de las
medias o calcetas, siempre teníamos que hacerle la observación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario