Trabajaba como recepcionista en
un colegio y en esas fechas los alumnos ya estaban de vacaciones de fin de
curso.
La receptora de pagos del colegio
era nueva al igual que yo, por lo cual teníamos que quedarnos unos días más que
el resto del personal y ya después podríamos gozar del tiempo de vacaciones.
Ese día la joven receptora iba
vestida con pantalón blanco, zapatos de tacón alto y el color de la blusa no la
recuerdo bien. El asunto es que al
caminar hacía ruido con los tacones y en medio del silencio se oían más.
Estaba sentada con la vista baja
cuando de repente entró una llamada a la planta telefónica y preguntaron por la
chica, así que muy segura me levanté a buscarla al patio y al no encontrarla
seguí al estacionamiento, pues yo la había visto y oído pasar frente a mí. Regresé a decirle a la persona que de seguro
había salido a comprar algo a la calle porque no la encontré. Me dejó su nombre y su número telefónico y
colgó.
No pasaron ni 5 minutos cuando la
joven salió del baño, era el lado opuesto a donde yo la ví dirigirse. Me dijo que nunca había pasado enfrente de mí
y que no había salido por la puerta que comunica al patio donde la busqué.
Estoy muy segura de lo que pasó. Además no pude haberla confundido con nadie,
pues en recepción ya solo estábamos las dos.
Claro que a raíz de esta anécdota surgieron otras por parte del personal
donde afirmaban que les habían sucedido cosas extrañas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario