Es una historia cortita
protagonizada para variar por mi tía y mi prima
(la lavandera y la cocinera sonámbula).
No sé que tenía este dúo, pero más de algo les pasaba, menos mal que
ahora viven bien lejos una de la otra, porque sino seguirían contando sus historias
de aparecidos y todo tipo de cosas extrañas.
Mi tío llegaba del trabajo
religiosamente todos los días a las cuatro de la tarde y como tenía su llave,
no necesitaba tocar el timbre para entrar en la casa.
Mi tía que era modista, se sentaba
a la máquina de coser por las tardes a terminar las prendas que le habían
encargado. Mi prima le acompañaba
haciendo algo. El costurero estaba al extremo opuesto del portón, de pronto
escucharon que la puerta del portón que daba a la calle se abría y luego se
cerraba. Esperaron ver aparecer a mi tío
que de seguro era el que venía, pero se quedaron burladas, pues nadie
entró. Luego de un rato, dejaron lo que
estaban haciendo y fueron a ver, la
puerta seguía cerrada y no había nadie.
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